Comentario diario

NIEVE.

Todo está cubierto de nieve. Más de cuarenta centímetros de nieve cubren todo al rededor de la parroquia. Un manto blanco que pone todo preciosos, blanco, nuevo, inmaculado, precioso para verlo en una postal. Pero luego hay que abrir la puerta de casa, bajar las escaleras, cuando empiece a derretirse se hará un hielo muy peligroso y luego perderá su blancura y se hará un hielo marrón tierra que deja todo encharcado y asqueroso y encima es muy fácil caerte. Podría parecer la nieve una image del bautismo, deja nuestra alma limpia e inmaculada pero, poco a poco, enfangarse en el barro del pecado y dejarla casi peor de lo que estaba. No es así, justamente al contrario. 

«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

La gracia de Dios no es la nieve que viene tapando las imperfecciones de nuestra vida. La gracia bautismal deja nuestra vida limpia, inmaculada, impoluta. Luego en la vida no pueden venir diversas nevadas, que se nos hacen muy atrayentes en principio pero luego dejan un rastro de suciedad y podredumbre, Pero si dejamos que el Espíritu Santo limpie bien volvemos ala que, desde el bautismo, es nuestro ser, un lugar precioso para que habite Dios. Por supuesto que uno puede, como el hijo pródigo, llenar su casa de cerdos y luego esperar que venga el batallón de limpieza, pero sin duda es mucho mejor la limpieza frecuente y con solo un paño disfrutar de la belleza que la gracia de Dios ha hecho en nuestras almas y en nuestras vidas. 

¿Pero cómo voy a hacer eso? me preguntas. Lo primero recuerda quién eres. El día de nuestro bautismo nos identificamos con Cristo, el mismo Señor nos dirige esas palabras que oyó San Juan Bautista: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». Desde ese día, por muy pequeño e inconsciente que fuésemos, eres hijo de Dios en Cristo. habrá quien quiera decirte que no, que eres muy malo y Dios no te quiere. No le escuches, es Satán, el acusador, ni caso. Llama a la patrulla de limpieza: Un buen rato de oración, el rosario con María, un poquito de silencio y una buena confesión. Tu casa ya está reluciente. Es sólida, construida sobre la roca que es Cristo, y no se va a derretir. Cierra las ventanas que dejan entrar porquería. Pasa el paño de la caridad que evita que la suciedad se acumule, sigue con la oración que nos hace ver lo hermosos de nuestra vida, pide la gracia en la confesión para que cada adía tu vida brille más y comulga con frecuencia para que el Señor de la casa esté a gusto en ella.  El bautismo cambió tu chabola en un palacio, no lo conviertas en una cochiquera. 

Y todo por ese niño que nace. Hoy termina el tiempo de Navidad, Dios se hace hombre. ¡Qué grandeza en lo pequeño! Pide a María y a José que te ayuden a descubrir este misterio tan grande, esa grandeza tan misteriosa. Eres hijo de Dios, hoy, ahora, con todos tus pecados, quien te diga lo contrario te miente. 

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